Un mortero no es más que la combinación de la mezcla de materiales como el agua, conglomerante y arena. A la hora de elaborarlo no existe un único proceso a seguir. Eso sí, la mezcla más común es la compuesta por yeso, cemento o cal, pudiendo añadir posteriormente otros productos a gusto del fabricante, ya sea para modificar o potenciar la mezcla.

La función de los morteros en la construcción es básicamente unir otras piezas, especialmente ladrillos y piedras. Por eso mismo, es un material de gran importancia en este mundillo.

A la hora de elaborar la mezcla, se junta la arena con el aglomerante, utilizando la cantidad requerida. Posteriormente, se forma un circulo en el centro de la masa y se procese a la inclusión de agua removiendo de manera abundante. Una vez elaborada la mezcla, es necesario un proceso de reposo para completar el proceso. Después, a la hora de utilizarlo se recomienda hacerlo en el rango de una hora, para que de esta forma el compuesto no se seque. Además, también es necesario tener en cuenta las condiciones de temperatura, la cual siempre tiene que ser ambiente. Para todo este proceso, se aconseja utilizar un mezcladora para hacerlo mucho más fácil y rápido.

Ahora llega el momento de hablar acerca de los tipos de morteros. Existen infinidad de ellos, por eso comentaremos los más habituales.

  • Mortero de cemento: es el más utilizado en el mundo de la construcción. Se consigue a través de cemento gris y áridos.
  • Mortero de cal: se obtiene con la mezcla de áridos, cal y agua en la proporción adecuada.
  • Mortero refractario: se caracteriza principalmente por ser muy compatible con altas temperaturas.
  • Mortero seco: está ya preparado y trae consigo áridos de grano fino.
  • Mortero monocapa: también está preparado y solo es necesario mezclarlo con agua. Se utiliza mucho en fachadas exteriores.
  • Mortero cola: compuesto a través de cemento Portland, diferentes resinas y áridos muy finos. Es muy elástico.